PLACEBO: MADUREZ Y EMOCIÓN EN DIRECTO

¿Qué decir de Placebo? Uno de los grupos más singulares, auténticos y especiales del panorama musical. Un grupo de amplia trayectoria y totalmente consolidado; todo un clásico. 

SOULMATES NEVER DIE

El conjunto londinense (reducido, en el fondo, al tándem Molko-Olsdal) nos ha acompañado toda la vida; hemos crecido, cambiado y tropezado juntos. Ellos no dejan de rondar por ahí y nosotros no podemos dejar de seguirlos o, al menos, prestar atención cuando sacan disco nuevo. Y no suelen defraudar. Placebo es ese viejo amigo con el que has pasado momentos épicos, con el que quizá la relación se enfrió un poco, pero a veces te llama para quedar, y no pasa nada, porque sabes que, cuando lo vuelves a ver, es como si hubieras estado con él la semana pasada aunque haga años. ¿Cómo se llama esa sensación? ¿Confort? ¿Confianza? Eso es Placebo a día de hoy.  

Vale que sus últimos trabajos no son tan redondos como el resto de su discografía, que es impresionante; no están repletos de joyas, pero mantienen el tipo gracias a títulos como Battle For The Sun, Ashtray Heart, For What It´s Worth, Too Many Fiends, Bosco o Loud Like Love

Placebo han sabido diversificarse, camuflarse, flirtear con distintos estilos. No se les puede tachar de lineales o planos. Pero es que además tienen el don de la cohesión. Son capaces de alcanzar siempre esa pincelada de homogeneidad que les hace sonar a sí mismos, ser inconfundibles. Gran parte del mérito la tiene sin duda la voz del extraño Brian Molko. Ese ser al que nunca abandona el carisma, se vista como se vista y se peine como se peine. También es efecto de las letras y sus temas recurrentes. Por cinco céntimos de euro, temas recurrentes en las canciones de Placebo, como por ejemplo, las drogas. Un dos tres, responda otra vez. Las drogas. El amor. La amistad. El sexo. La ambigüedad. Depresión. Los pensamientos obsesivos. La fragilidad. Trastornos mentales. Y así. 

A sabiendas de que muchos ex-fans los han crucificado por esta última etapa, que juzgan una caída en picado, desde Voltage Magazine queremos seguir disfrutando de su música y reivindicando lo bueno que les queda, que lo hay. 

Para muestra, el concierto del día 29 de mayo en el Palacio de Vistalegre de Madrid. A Placebo los hemos visto en directo de total black y de total white. Drogados y a base de infusiones (“We come in peace and we drink tea”, decían en el BBK Live de 2009). En esta ocasión, las claves fueron madurez y contundencia.  

El viernes ofrecieron un gran directo. Vamos a pasar por alto el cansino asunto del sonido. Que si la sala no sé qué y la batería nosecuantitos… No somos ni expertos, ni puristas de las cuestiones técnicas: a un concierto vamos a disfrutar y valoramos más la pasión y la emoción transmitidas desde el escenario, que el hecho de que se oiga como en el disco. Y de pasión y emoción estuvo sobrado el espectáculo del viernes en un Vistalegre que se fue llenando poco a poco

 

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Ropas ajustadas y negro riguroso, roto solo en las ocasiones en que Stefan sacaba su bajo de la bandera gay. Un escenario sencillo y un Brian Molko entusiasmado, rebosando simpatía y hablando un español más que aceptable. Un gustazo, de verdad. Se les vio cómodos, resueltos, disfrutando y pasándolo bien. Y por supuesto, supieron contagiarlo a una audiencia de por sí entregada, que no dejó de saltar, aplaudir y cantar todas las canciones. Desde el primer instante se forjó una alianza de amor entre público y banda que no flojeó en ningún momento. Fue una actuación potente y sentida en la que supieron equilibrar a la perfección los temas más importantes del último disco (Loud Like Love) con grandes éxitos.

 

Empezaron con B3 y, tras For What It´s Worth, Loud Like Love y Every You Every Me se metieron a los asistentes en el bolsillo. Scene Of The Crime y Little Million Pieces dieron paso a una fase de “lentas”, con la apasionada Black Eyed (que Brian aprovechó para presentar a la formación: el nuevo batería, los músicos de apoyo, entre los que destaca un violín que fue todo un acierto, y al genial Stefan Olsdal, “la reina de Suecia”, en palabras de Molko). 

Siguieron 20 Years, Too Many Friends (seguramente la mejor del Loud Like Love) y Special Needs, uno de los momentos más intensos de la noche. One Of A Kind, una hipnótica Space Monkey y Exit Wound sirvieron de transición hacia la locura desatada con un estallido de temazos incontestables: Meds, A Song To Say Goodbye, Special K y The Bitter End. 

 

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Largos vítores y aplausos condujeron a los bises: Teenage Angst, muy de agradecer, la famosa cover Running Up That Hill, y dos estupendas Post Blue e Infra Red. Éxtasis final que alargaron Brian y Stefan distorsionando sus instrumentos. El resto de músicos aprovechó para largarse discretamente dejando solos a los auténticos protagonistas, que recibieron un merecido baño de multitudes. Luego, claro, rescataron a sus compañeros y todos juntos agradecieron al público cual actores de teatro. 

Placebo se llevó dos sinceras y profundas ovaciones: en medio de Meds y al final, con todo el mundo de pie y feliz tras un concierto inolvidable. 

 

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Texto y fotos: Mariola L. Arroyo

 

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